EN ESTAS FIESTAS PATRIAS...
sábado 17 de septiembre de 2011
Todos nosotros somos capaces de pensar y actuar movidos por convicciones. Nadie discutiría esta verdad.
Pero también es verdad que todos somos capaces de pensar y actuar movidos por juicios de retaguardia. A la espalda, detrás de nuestra cabeza hay una bodega repleta de prejuicios.
Por ejemplo, el éxito publicitario de una economía de mercado y de un neoliberalismo económico y político, hace pensar a la gente rica que la solución a la pobreza pasa por el “chorreo”; mientras más riqueza procure un sistema, menos pobres habrá. Detrás de esa aparente convicción hay un terrible prejuicio; la marginación de grandes sectores, cada día más vastos, que no logran integrarse en la vida que los ricos llaman “moderna”, se debe a la culpa de esos mismos sectores. Parten de la base que cada uno puede acceder al piso en que ellos se encuentran.
Los medios de comunicación que los sectores ricos manejan, continuarán alabando al sistema y proclamando el éxito... ¿éxito para quiénes? ¿Éxito para las mayorías que no logran satisfacer sus necesidades básicas causadas por los salarios bajos que el sistema “necesita” para lograr sacar adelante el “éxito”?
¿O es que lealmente creen en el chorreo? La utopía del chorreo se viene anunciando desde fines del siglo pasado. Hasta ahora nadie ha visto que los vasos se llenen hasta el tope. No tienen tope. El afán de riqueza es insaciable. Siempre un capitalista tiene absoluta “necesi¬dad” de juntar más capital para engordar otro poco más su vaso-empre¬sa y por lo tanto el chorreo tiene que esperar un poco más. ¿Un siglo más...?
Y para que su empresa tenga éxito, por supuesto, tendrá que crecer la automatización y provocar aumento en porcentajes de subempleo y desempleo.
Me pregunto si merece el nombre de éxito
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