Importante : Invitaciones para Mayo y Junio
lunes 21 de abril de 2008
Se aproxima un nuevo aniversario de la partida de nuestro querido Esteban Gumucio, quien falleciera el 6 de mayo de 2001. Ya nos estamos preparando para hacer de su recuerdo una agradecida memoria. El martes 6 de mayo de 2008 nos reuniremos en el templo parroquial de San Pedro y San Pablo, a las 20:00 horas, para celebrar la eucaristía en su recuerdo. Estamos todos invitados.
Pero dos días antes, el domingo 4 de mayo, a las 16:30 horas, en el mismo lugar de la sede parroquial (Av. Esteban Gumucio esquina de Cardenal Silva Henríquez, ex La Serena), estamos invitados a participar en un encuentro que organiza el grupo La Tribu Generaciones, que nos presentará una serie de poemas musicalizadoas de Esteban Gumucio. La adhesión vale tan sólo $ 500. Difundamos desde ya esta invitación.
Además, te esperamos el martes 24 de junio de 2008, en el Salón Fresno del Centro de extensión de la Universidad Católica de Chile (Alameda y Lira): Acto de Memoria Agradecida de Esteban Gumucio. Pronto: más informaciones. Prepárate.
En Concepción: presentación del último libro de Esteban Gumucio
domingo 13 de abril de 2008
El sábado 13 de abril recién pasado, fue presentado en Concepción el último libro de Esteban Gumucio, Los tiempos del verbo Amar. Unas ciento treinta personas se congregaron en la tarde de ese día en el Colegio de los Sagrados Corazones, en la comuna de Hualpén, para participar en este acto que se denominó "Tertulia con Esteban Gumucio". El encuentro comenzó con la participación en vivo del autor y cantante Fernando Leiva, quien interpretó canciones musicalizadas por él a partir de textos de Esteban Gumucio. El público asistente pudo enseguida escuchar textos del nuevo libro, reflexionar en grupos alrededor de una mesa y orar juntos. Los participantes en esta Tertulia agradecieron emocionados esta oportunidad que les proporcionó el Centro de Espiritualidad Esteban Gumucio (CEG).
Continuamos celebrando la explosiva Resurrección con Esteban Gumucio
viernes 4 de abril de 2008
LA EXPLOSIVA PASCUA DE RESURRECCIÓN
Estallaron las piedras que cerraban el sepulcro.
El Señor rompió todas las fronteras.
Con su último grito al morir en la cruz,
con el primer estruendo de su resurrección,
cayeron los más altos muros,
se rasgaron todos los velos
y se abrieron los secretos sagrarios del mundo.
Y vamos contigo, Señor, cruzando la frontera
que nos separaba de nuestro origen,
que nos separaba de nuestro destino final.
Tu palabra, Señor, sigue siendo una cruz y una pascua
explosiva;
sigue rompiendo fronteras y velos y santuarios de oro
cerrados de egoísmo,
desde que Tú lloraste nuestras palabras de hombre con
resonancias de Hijo de Dios.
Ahora recordamos que gritaste «tengo hambre» y
«tengo sed»
y dijiste Tú, el glorioso resucitado, «no tengo dónde
reclinar mi cabeza».
Ahora, estas palabras tienen conmovido acento de
sangre
y fuerza poderosamente explosiva, capaz de abrir tumbas
con cantos de aleluya.
Tus gritos, tus palabras, tu gloriosa fuerza
duran desde entonces hasta siempre;
y ya no podrá haber nunca más templos verdaderos,
mientras no haya pan y vivienda para el Hijo del hombre.
Que se rompan las frías puertas de bronce
que detienen el pan
en las arcas de la muerte multimillonaria y
superdesarrollada;
que caigan las fronteras, pretexto de todas las guerras,
incubadora de ejércitos,
fábrica de armamentos para engordar a la muerte;
que se rompan las piedras egoístas y que los muros
orgullosos
se tornen humilde vivienda para todas las soledades y
todas las marginaciones.
Con el despojo de tu victoria, Cristo, con el cascajo
viejo de las piedras
molidas de «lo tuyo y lo mío»,
queremos ir haciendo el camino nuevo del Rey,
carretera de dos pistas fieles:
la que va por ti al Padre y la que viene humildemente
a traer tus pasos, confundidos con los nuestros,
en la cotidiana llanura de nuestra condición humana.
Entréganos, Señor, en esta Pascua esa explosiva
palabra tuya,
colócala en nuestras mochilas de peregrinos de la paz,
y que todo arda,
y que todo sea fuego de amor solidario
en un mundo sin fronteras.
Esteban Gumucio